Está íntimamente unida al sentido de la vida. Su búsqueda constante es uno de los motores que empujan al ser humano. Para unos representa las cosas materiales, para otros, las espirituales o una conjunción de ambas. Es el estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien. Satisfacción, gusto, contento, define el Diccionario de la Real Academia. La felicidad tiene múltiples definiciones y seguramente, cada una posee una pizca de verdad. Por ejemplo, el inventor Benjamín Franklin (1706-1790) sostenía que la felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días. Mientras que el escritor escocés Thomas Chalmers (1780-1847) afirmaba que la dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar. A Sigmund Freud (1856-1939), padre del psicoanálisis, se le atribuye esta frase con una dosis de humor: "Existen dos maneras de ser feliz en esta vida: una es hacerse el idiota; y la otra, serlo".

El miércoles pasado se celebró por primera vez el Día Internacional de la Felicidad. El 12 de julio de 2012, la Asamblea General de la ONU decretó a través de su resolución 66/281 que la fecha que reconozca la relevancia de la felicidad y el bienestar como aspiraciones universales de los seres humanos y la importancia de su inclusión en las políticas de gobierno. "En este primer Día Internacional de la Felicidad, fortalezcamos nuestro compromiso con el desarrollo humano inclusivo y sostenible y reafirmemos nuestra promesa de ayudar a los demás. Obrar por el bien común también nos enriquece. La compasión fomenta la felicidad y nos ayudará a construir el futuro que queremos", afirmó Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, y agregó que el mundo necesitaba "un nuevo paradigma económico" que reconociera "la paridad de los tres pilares del desarrollo sostenible", social, económico y medioambiental, porque "juntos definen nuestra felicidad global", según puede leerse en el sitio web de Naciones Unidas.

Es posible que la felicidad o el amor no necesiten de una fecha en particular para recordarlos, sin embargo, es bueno que se nos recuerde que tanto una como el otro existen a diario y valen la pena siempre celebrarlos, especialmente en nuestra sociedad en la que hemos hecho una cultura de la queja. Se suele decir que quien mantiene una actitud positiva frente a las adversidades de la realidad no sólo vive más, sino también mejor. En general, se asocia la felicidad a la posesión de bienes materiales, sin embargo, estos no son garantía de ello. Se puede tener todas las riquezas posibles y no ser feliz. Aunque como decía el escritor francés Jules Renard: "Si el dinero no te da la felicidad devuélvelo".

Las acciones positivas promueven la armonía, contribuyen a que los demás se sientan bien en el ámbito familiar, laboral. Las personas alegres, que irradian luz, son justamente las que más se extrañan porque son transmisoras de bienestar. No significa, por cierto, que ellas no tengan momentos de tristeza o de dolor, pero en lugar de desbarrancarse en la desdicha, en el pozo negro del pesimismo, buscan el sol. No se trata tampoco de negar la realidad cuando esta es adversa, haciéndose el "idiota" o disfrazarla para que no duela, sino tal vez de asumirla con una actitud optimista o esperanzada.

Bienvenida sea esta fecha si promueve, por lo menos en 24 horas, la reflexión sobre el sentido de la vida y el acercamiento entre los seres.

"Resurrección de la alegría, estoy de fiesta con mi sangre. Porque el que nace a la ternura vence a la muerte cotidiana, abre las puertas de la vida y lleva un niño en la mirada", escribió el poeta mendocino Armando Tejada Gómez.